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Sor Juana Ines de la Cruz Plays - Search Results


2 records found for the query Text "Divino" "Narciso". <-- Copy this link to save a bookmark for this search.

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                                     - 1 -
Composition: Loa                                                    III.3

           LOA PARA EL AUTO SACRAMENTAL
              DE "EL DIVINO NARCISO"
                  por alegorías

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

EL OCCIDENTE
    Indio galán
LA AMÉRICA
    India bizarra
EL CELO
    Capitán general
LA RELIGIÓN
    Dama española
MÚSICOS
    Indios mexicanos
SOLDADOS
    Soldados españoles


                     ESCENA I

  Sale el OCCIDENTE, Indio galán, con corona, y la AMÉRICA,
  a su lado, de India bizarra: con mantas y cupiles, al modo
  que se canta el Tocotín. Siéntanse en dos sillas; y por una
  parte y otra bailan Indios e Indias, con plumas y sonajas
  en las manos, como se hace de ordinario esta Danza; y
  mientras bailan, canta la Música.


                      MÚSICA

          NOBLES Mejicanos,
          cuya estirpe antigua,
          de las claras luces
          del Sol se origina:
          pues hoy es del año
          el dichoso día
          en que se consagra
          la mayor Reliquia,
          ¡venid adornados
          de vuestras divisas,
          y a la devoción
          se una la alegría,
          y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                      MÚSICA

          Y pues la abundancia
          de nuestras provincias
          se Le debe al que es
          Quien las fertiliza,
          ofreced devotos,
          pues Le son debidas,
          de los nuevos frutos
          todas las primicias.
          ¡Dad de vuestras venas
          la sangre más fina,
          para que, mezclada,
          a su culto sirva;
          y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!

  (Siéntanse el OCCIDENTE y la AMÉRICA, y cesa la Música.)


                    OCCIDENTE

          Pues entre todos los Dioses
          que mi culto solemniza,
          aunque son tantos, que sólo
          en aquesta esclarecida
          Ciudad Regia, de dos mil
          pasan, a quien sacrifica
          en sacrificios crüentos
          de humana sangre vertida,
          ya las entrañas que pulsan,
          ya el corazón que palpita;
          aunque son (vuelvo a decir)
          tantos, entre todos mira
          mi atención, como a mayor,
          al gran Dios de las Semillas.


                     AMÉRICA

          Y con razón, pues es solo
          el que nuestra Monarquía
          sustenta, pues la abundancia
          de los frutos se Le aplica;
          y como éste es el mayor
          beneficio, en quien se cifran
          todos los otros, pues lo es
          el de conservar la vida,
          como el mayor Lo estimamos:
          pues ¿qué importara que rica
          el América abundara
          en el oro de sus minas,
          si esterilizando el campo
          sus fumosidades mismas,
          no dejaran a los frutos
          que en sementeras opimas
          brotasen? Demás de que
          su protección no limita
          sólo a corporal sustento
          de la material comida,
          sino que después, haciendo
          manjar de sus carnes mismas
          (estando purificadas
          antes, de sus inmundicias
          corporales), de las manchas
          el Alma nos purifica.
          Y así, atentos a su culto,
          todos conmigo repitan:


                 ELLOS, Y MÚSICA

          ¡En pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                    ESCENA II

  (Éntranse bailando; y salen la RELIGIÓN CRISTIANA,
  de Dama Española, y el CELO, de Capitán General, armado;
  y detrás, SOLDADOS Españoles.)


                     RELIGIÓN

          ¿Cómo, siendo el Celo tú,
          sufren tus cristianas iras
          ver que, vanamente ciega,
          celebre la Idolatría
          con supersticiosos cultos
          un Ídolo, en ignominia
          de la Religión Cristiana?


                       CELO

          Religión:   no tan aprisa
          de mi omisión te querelles,
          te quejes de mis caricias;
          pues ya levantado el brazo,
          ya blandida la cuchilla
          traigo, para tus venganzas
          Tú a ese lado te retira
          mientras vengo tus agravios.

  (Salen, bailando, el OCCIDENTE y AMÉRICA, y
  Acompañamiento y Música, por otro lado.)


                      MÚSICA

          ¡Y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                       CELO

          Pues ya ellos salen, yo llego.


                     RELIGIÓN

          Yo iré también, que me inclina
          la piedad a llegar (antes
          que tu furor los embista)
          a convidarlos, de paz,
          a que mi culto reciban.


                       CELO

          Pues lleguemos, que en sus torpes
          ritos está entretenida.


                      MÚSICA

          ¡Y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!

          (Llegan el CELO y la RELIGIÓN.)

                     RELIGIÓN

          Occidente poderoso,
          América bella y rica,
          que vivís tan miserables
          entre las riquezas mismas:
          dejad el culto profano
          a que el Demonio os incita.
          ¡Abrid los ojos! Seguid
          la verdadera Doctrina
          que mi amor os persüade.


                    OCCIDENTE

          ¿Qué gentes no conocidas
          son éstas que miro, ¡Cielos!,
          que así de mis alegrías
          quieren impedir el curso?


                     AMÉRICA

          ¿Qué Naciones nunca vistas
          quieren oponerse al fuero
          de mi potestad antigua?


                    OCCIDENTE

          ¡Oh tú, extranjera Belleza;
          ¡oh tú, Mujer peregrina!
          Díme quién eres, que vienes
          a perturbar mis delicias.


                     RELIGIÓN

          Soy la Religión Cristiana,
          que intento que tus Provincias
          se reduzcan a mi culto.


                    OCCIDENTE

          ¡Buen empeño solicitas!


                     AMÉRICA

          ¡Buena locura pretendes!


                    OCCIDENTE

          ¡Buen imposible maquinas!


                     AMÉRICA

          Sin duda es loca; ¡dejadla,
          y nuestros cultos prosigan!


                  MÚSICA y ELLOS

          ¡Y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                       CELO

          ¿Cómo, bárbaro Occidente;
          cómo, ciega Idolatría,
          a la Religión desprecias,
          mi dulce Esposa querida?
          Pues mira que a tus maldades
          ya has llenado la medida,
          y que no permite Dios
          que en tus delitos prosigas,
          y me envía a castigarte.


                    OCCIDENTE

          ¿Quién eres, que atemorizas
          con sólo ver tu semblante?


                       CELO

          El Celo soy. ¿Qué te admira?
          Que, cuando a la Religión
          desprecian tus demasías,
          entrará el Celo a vengarla
          castigando tu osadía.
          Ministro de Dios soy, que
          viendo que tus tiranías
          han llegado ya a lo sumo,
          cansado de ver que vivas
          tantos años entre errores,
          a castigarte me envía.
          Y así, estas armadas Huestes,
          que rayos de acero vibran,
          ministros son de Su enojo
          e instrumentos de Sus iras.


                    OCCIDENTE

          ¿Qué Dios, qué error, qué torpeza,
          o qué castigos me intimas?
          Que no entiendo tus razones
          ni aun por remotas noticias,
          ni quién eres tú, que osado
          a tanto empeño te animas
          como impedir que mi gente
          en debidos cultos diga:


                      MÚSICA

          ¡Y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                     AMÉRICA

          Bárbaro, loco, que ciego,
          con razones no entendidas,
          quieres turbar el sosiego
          que en serena paz tranquila
          gozamos: ¡cesa en tu intento,
          si no quieres que, en cenizas
          reducido, ni aun los vientos
          tengan de tu ser noticias!
          Y tú, Esposo, y tus vasallos,

                 (Al Occidente.)

          negad el oído y vista
          a sus razones, no haciendo
          caso de sus fantasías;
          y proseguid vuestros cultos,
          sin dejar que advenedizas
          Naciones, osadas quieran
          intentar interrumpirlas.


                      MÚSICA

          ¡Y en pompa festiva,
          celebrad al gran Dios de las Semillas!


                       CELO

          Pues la primera propuesta
          de paz desprecias altiva,
          la segunda, de la guerra,
          será preciso que admitas.
          ¡Toca al arma! ¡Guerra, guerra!

  (Suenan cajas y clarines.)


                    OCCIDENTE

          ¿Qué abortos el Cielo envía
          contra mí? ¿Qué armas son éstas,
          nunca de mis ojos vistas?
          ¡Ah, de mis Guardas! ¡Soldados:
          las flechas que prevenidas
          están siempre, disparad!


                     AMÉRICA

          ¿Qué rayos el Cielo vibra
          contra mí? ¿Qué fieros globos
          de plomo ardiente graniza?
          ¿Qué Centauros monstrüosos
          contra mis gentes militan?

  (Dentro:)
          ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
  (Tocan.)
          ¡Viva España!  ¡Su Rey viva!

  (Trabada la batalla, van entrándose por una puerta,
  y salen por otra huyendo los INDIOS, y los ESPAÑOLES en
  su alcance; y detrás, el OCCIDENTE retirándose de la
  RELIGIÓN, y AMÉRICA del CELO.)

                    ESCENA III

                     RELIGIÓN

          ¡Ríndete, altivo Occidente!


                    OCCIDENTE

          Ya es preciso que me rinda
          tu valor, no tu razón.


                       CELO

          ¡Muere, América atrevida!


                     RELIGIÓN

          ¡Espera, no le des muerte,
          que la necesito viva!


                       CELO

          Pues ¿cómo tú la defiendes,
          cuando eres tú la ofendida?


                     RELIGIÓN

          Sí, porque haberla vencido
          le tocó a tu valentía,
          pero a mi piedad le toca
          el conservarle la vida:
          porque vencerla por fuerza
          te tocó; mas el rendirla
          con razón, me toca a mí,
          con suavidad persuasiva.


                       CELO

          Si has visto ya la protervia
          con que tu culto abominan
          ciegos, ¿no es mejor que todos
          mueran?


                     RELIGIÓN

                Cese tu justicia,
          Celo; no les des la muerte:
          que no quiere mi benigna
          condición, que mueran, sino
          que se conviertan y vivan.


                     AMÉRICA

          Si el pedir que yo no muera,
          y el mostrarte compasiva,
          es porque esperas de mí
          que me vencerás, altiva,
          como antes con corporales,
          después con intelectivas
          armas, estás engañada;
          pues aunque lloro cautiva
          mi libertad, ¡mi albedrío
          con libertad más crecida
          adorará mis Deidades!


                    OCCIDENTE

          Yo ya dije que me obliga
          a rendirme a ti la fuerza;
          y en esto, claro se explica
          que no hay fuerza ni violencia
          que a la voluntad impida
          sus libres operaciones;
          y así, aunque cautivo gima,
          ¡no me podrás impedir
          que acá, en mi corazón, diga
          que venero al gran Dios de las Semillas!

                    ESCENA IV


                     RELIGIÓN

          Espera, que aquésta no
          es fuerza, sino caricia.
          ¿Qué Dios es ése que adoras?


                    OCCIDENTE

          Es un Dios que fertiliza
          los campos que dan los frutos;
          a quien los cielos se inclinan,
          a Quien la lluvia obedece
          y, en fin, es El que nos limpia
          los pecados, y después
          se hace Manjar, que nos brinda.
          ¡Mira tú si puede haber,
          en la Deidad más benigna,
          más beneficios que haga
          ni más que yo te repita!


                     RELIGIÓN

                     (Aparte)

          ¡Válgame Dios! ¿Qué dibujos,
          qué remedos o qué cifras
          de nuestras sacras Verdades
          quieren ser estas mentiras?
          ¡Oh cautelosa Serpiente!
          ¡Oh Áspid venenoso!  ¡Oh Hidra,
          que viertes por siete bocas,
          de tu ponzoña nociva
          toda la mortal cicuta!
          ¿Hasta dónde tu malicia
          quiere remedar de Dios
          las sagradas Maravillas?
          Pero con tu mismo engaño,
          si Dios mi lengua habilita,
          te tengo de convencer.


                     AMÉRICA

          ¿En qué, suspensa, imaginas?
          ¿Ves cómo no hay otro Dios
          como Aquéste, que confirma
          en beneficios Sus obras?


                     RELIGIÓN

          De Pablo con la doctrina
          tengo de argüir; pues cuando
          a los de Atenas predica,
          viendo que entre ellos es ley
          que muera el que solicita
          introducir nuevos Dioses,
          como él tiene la noticia
          de que a un Dios no conocido
          ellos un altar dedican,
          les dice: <<No es Deidad nueva,
          sino la no conocida
          que adoráis en este altar,
          la que mi voz os publica.>>
          Así yo... ¡Occidente, escucha;
          oye, ciega Idolatría,
          pues en escuchar mis voces
          consisten todas tus dichas!
          Esos milagros que cuentas,
          esos prodigios que intimas,
          esos visos, esos rasgos,
          que debajo de cortinas
          supersticiosas asoman;
          esos portentos que vicias,
          atribuyendo su efecto
          a tus Deidades mentidas,
          obras del Dios Verdadero,
          y de Su sabiduría
          son efectos. Pues si el prado
          florido se fertiliza
          si los campos se fecundan,
          si el fruto se multiplica,
          si las sementeras crecen,
          si las lluvias se destilan,
          todo es obra de Su diestra;
          pues ni el brazo que cultiva,
          ni la lluvia que fecunda,
          ni el calor que vivifica,
          diera incremento a las plantas,
          a faltar Su productiva
          Providencia, que concurre
          a darles vegetativa
          alma.


                     AMÉRICA

            Cuando eso así sea,
          díme: ¿será tan propicia
          esa Deidad, que se deje
          tocar de mis manos mismas,
          como el Ídolo que aquí
          mis propias manos fabrican
          de semillas y de sangre
          inocente, que vertida
          es sólo para este efecto?


                     RELIGIÓN

          Aunque su Esencia Divina
          es invisible e inmensa,
          como Aquésta está ya unida
          a nuestra Naturaleza,
          tan Humana se avecina
          a nosotros, que permite
          que Lo toquen las indignas
          manos de los Sacerdotes.


                     AMÉRICA

          Cuanto a aqueso, convenidas
          estamos, porque a mi Dios
          no hay nadie a quien se permita
          tocarlo, sino a los que
          de Sacerdotes Le sirvan;
          y no sólo no tocarlo,
          mas ni entrar en Su Capilla
          se permite a los seglares.


                       CELO

          ¡Oh reverencia, más digna
          de hacerse al Dios verdadero!


                    OCCIDENTE

          Y díme, aunque más me digas:
          ¿será ese Dios, de materias
          tan raras, tan exquisitas
          como de sangre, que fue
          en sacrificio ofrecida,
          y semilla, que es sustento?


                     RELIGIÓN

          Ya he dicho que es Su infinita
          Majestad, inmaterial;
          mas Su Humanidad bendita,
          puesta incrüenta en el Santo
          Sacrificio de la Misa,
          en cándidos accidentes,
          se vale de las semillas
          del trigo, el cual se convierte
          en Su Carne y Sangre misma;
          y Su Sangre, que en el Cáliz
          está, es Sangre que ofrecida
          en el Ara de la Cruz,
          inocente, pura y limpia,
          fue la Redención del Mundo.


                     AMÉRICA

          Ya que esas tan inauditas
          cosas quiera yo creer,
          ¿será esa Deidad que pintas,
          tan amorosa, que quiera
          ofrecérseme en comida,
          como Aquésta que yo adoro?


                     RELIGIÓN

          Sí, pues Su Sabiduría,
          para ese fin solamente,
          entre los hombres habita.


                     AMÉRICA

          ¿Y no veré yo a ese Dios,
          para quedar convencida,


                    OCCIDENTE

          y para que de una vez
          de mi tema me desista?


                     RELIGIÓN

          Sí verás, como te laves
          en la fuente cristalina
          del Bautismo.


                    OCCIDENTE

                    Ya yo sé
          que antes que llegue a la rica
          mesa, tengo de lavarme,
          que así es mi costumbre antigua.


                       CELO

          No es aquése el lavatorio
          que tus manchas necesitan.


                    OCCIDENTE

          ¿Pues cuál?


                     RELIGIÓN

                El de un Sacramento
          que con virtud de aguas vivas
          te limpie de tus pecados.


                     AMÉRICA

          Como me das las noticias
          tan por mayor, no te acabo
          de entender; y así, querría
          recibirlas por extenso,
          pues ya inspiración divina
          me mueve a querer saberlas.


                    OCCIDENTE

          Y yo; y más, saber la vida
          y muerte de ese gran Dios
          que estar en el Pan afirmas.


                     RELIGIÓN

          Pues vamos. Que en una idea
          metafórica, vestida
          de retóricos colores,
          representable a tu vista,
          te la mostraré; que ya
          conozco que tú te inclinas
          a objetos visibles, más
          que a lo que la Fe te avisa
          por el oído; y así,
          es preciso que te sirvas
          de los ojos, para que
          por ellos la Fe recibas.


                    OCCIDENTE

          Así es; que más quiero verlo,
          que no que tú me lo digas.

                     ESCENA V


                     RELIGIÓN

          Vamos, pues.


                       CELO

                    Religión, díme:
          ¿en qué forma determinas
          representar los Misterios?


                     RELIGIÓN

          De un Auto en la alegoría,
          quiero mostrarlos visibles,
          para que quede instruída
          ella, y todo el Occidente,
          de lo que ya solicita
          saber.


                       CELO

            ¿Y cómo intitulas
          el Auto que alegorizas?


                     RELIGIÓN

          Divino Narciso, porque
          si aquesta infeliz tenía
          un Ídolo, que adoraba,
          de tan extrañas divisas,
          en quien pretendió el demonio,
          de la Sacra Eucaristía
          fingir el alto Misterio,
          sepa que también había
          entre otros Gentiles, señas
          de tan alta Maravilla.


                       CELO

          ¿Y dónde se representa?


                     RELIGIÓN

          En la coronada Villa
          de Madrid, que es de la Fe
          el Centro, y la Regia Silla
          de sus Católicos Reyes,
          a quien debieron las Indias
          las luces del Evangelio
          que en el Occidente brillan.


                       CELO

          ¿Pues no ves la impropiedad
          de que en Méjico se escriba
          y en Madrid se represente?


                     RELIGIÓN

          ¿Pues es cosa nunca vista
          que se haga una cosa en una
          parte, porque en otra sirva?
          Demás de que el escribirlo
          no fue idea antojadiza,
          sino debida obediencia
          que aun a lo imposible aspira.
          Con que su obra, aunque sea
          rústica y poco pulida,
          de la obediencia es efecto,
          no parto de la osadía.


                       CELO

          Pues díme, Religión, ya
          que a eso le diste salida,
          ¿cómo salvas la objeción
          de que introduces las Indias,
          y a Madrid quieres llevarlas?


                     RELIGIÓN

          Como aquesto sólo mira
          a celebrar el Misterio,
          y aquestas introducidas
          personas no son más que
          unos abstractos, que pintan
          lo que se intenta decir,
          no habrá cosa que desdiga,
          aunque las lleve a Madrid:
          que a especies intelectivas
          ni habrá distancias que estorben
          ni mares que les impidan.


                       CELO

          Siendo así, a los Reales Pies,
          en quien Dos Mundos se cifran,
          pidamos perdón postrados;


                     RELIGIÓN

          y a su Reina esclarecida,


                     AMÉRICA

          cuyas soberanas plantas
          besan humildes las Indias;


                       CELO

          a sus Supremos Consejos;


                     RELIGIÓN

          a las Damas, que iluminan
          su Hemisferio;


                     AMÉRICA

                    a sus Ingenios,
          a quien humilde suplica
          el mío, que le perdonen
          el querer con toscas líneas
          describir tanto Misterio.


                    OCCIDENTE

          ¡Vamos, que ya mi agonía
          quiere ver cómo es el Dios
          que me han de dar en comida,

  (Cantan la AMÉRICA y el OCCIDENTE y el CELO:)

          diciendo que ya
          conocen las Indias
          al que es Verdadero
          Dios de las Semillas!
          Y en lágrimas tiernas
          que el gozo destila,
          repitan alegres
          con voces festivas:


                      TODOS

          ¡Dichoso el día
          que conocí al gran Dios de las Semillas!

  (Éntranse bailando y cantando.)

                                     - 2 -
Composition: Auto sacramental                                       III.21

               AUTO SACRAMENTAL DE
               "EL DIVINO NARCISO"

PERSONAS QUE HABLAN EN ÉL

DIVINO NARCISO
LA NATURALEZA HUMANA
LA GRACIA
LA GENTILIDAD
LA SINAGOGA
ECO
    Hace la Naturaleza Angélica [réproba]
LA SOBERBIA
EL AMOR PROPIO
NINFAS Y PASTORES
DOS COROS DE MÚSICA


                  CUADRO PRIMERO

                     ESCENA I

  Salen, por una parte, la GENTILIDAD, de Ninfa, con
  acompañamiento de NINFAS Y PASTORES; y por otra, la
  SINAGOGA, también de Ninfa, con su acompañamiento, que
  serán los MÚSICOS; y detrás, muy bizarra, la NATURALEZA
  HUMANA, oyendo lo que cantan.


                     SINAGOGA

          ¡ALABAD al Señor todos los Hombres!


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                     SINAGOGA

          Un nuevo canto entonad
          a Su divina Beldad,
          y en cuanto la luz alcanza,
          suene la eterna alabanza
          de la gloria de Su nombre.


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                    GENTILIDAD

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!
             Y pues su beldad divina,
          sin igualdad peregrina,
          es sobre toda hermosura,
          que se vio en otra criatura,
          y en todas inspira amores,


                      CORO 2

          ¡alabad a Narciso, Fuentes y Flores!


                     SINAGOGA

          ¡Alabad,


                    GENTILIDAD

                aplaudid,


                     SINAGOGA

                        con himnos,


                    GENTILIDAD

                            con voces,


                     SINAGOGA

          al Señor,


                    GENTILIDAD

                a Narciso,


                     SINAGOGA

                        todos los Hombres,


                    GENTILIDAD

          Fuentes y Flores!

  (Pónese la NATURALEZA HUMANA en medio de los dos COROS.)


                NATURALEZA HUMANA

          Gentilidad, Sinagoga,
          que en dulces métricas voces
          a Dios aplaude la una,
          y la otra celebra a un Hombre:
          escuchadme lo que os digo,
          atended a mis razones,
          que pues soy Madre de entrambas,
          a entrambas es bien que toque
          por ley natural oírme.


                     SINAGOGA

          Ya mi amor te reconoce,
          oh Naturaleza, Madre
          común de todos los hombres.


                    GENTILIDAD

          Y yo también te obedezco,
          pues aunque andemos discordes
          yo y la Sinagoga, no
          por eso te desconoce
          mi amor, antes te venera.


                     SINAGOGA

          Y sólo en esto conformes
          estamos, pues observamos,
          ella allá entre sus errores
          y yo acá entre mis verdades,
          aquel precepto, que impone,
          de que uno a otro no le haga
          lo que él para sí no abone;
          y como Padre ninguno
          quiere que el hijo le enoje,
          así no fuera razón
          que a nuestras obligaciones
          faltáramos, con negar
          nuestra atención a tus voces.


                    GENTILIDAD

          Así es; porque este precepto,
          porque ninguno lo ignore,
          se lo escribes a tus hijos
          dentro de los corazones.


                NATURALEZA HUMANA

          Bien está; que ese precepto
          basta, para que se note
          que como a Madre común
          me debéis las atenciones.


                     SINAGOGA

          Pues dínos lo que pretendes.


                    GENTILIDAD

          Pues dínos lo que dispones.


                NATURALEZA HUMANA

          Digo, que habiendo escuchado
          en vuestras métricas voces
          los diferentes objetos
          de vuestras aclamaciones:
          pues tú, Gentilidad ciega,
          errada, ignorante y torpe,
          a una caduca beldad
          aplaudes en tus loores,
          y tú, Sinagoga, cierta
          de las verdades que oyes
          en tus Profetas, a Dios
          Le rindes veneraciones;
          dejando de discurrir
          en vuestras oposiciones,
          pues claro está que tú yerras

                (A la Gentilidad)

          y claro el que tú conoces,

                 (A la Sinagoga)

          aunque vendrá tiempo, en que
          trocándose las acciones,
          la Gentilidad conozca,
          y la Sinagoga ignore...
          Mas esto ahora no es del caso;
          y así, volviéndome al orden
          del discurso, digo que
          oyendo vuestras canciones,
          me he pasado a cotejar
          cuán misteriosas se esconden
          aquellas ciertas verdades
          debajo de estas ficciones.
          Pues si en tu Narciso, tú
          tanta perfección supones,
          que dices que es su hermosura
          imán de los corazones,
          y que no sólo la siguen
          las Ninfas y los Pastores,
          sino las aves y fieras,
          los collados y los montes,
          los arroyos y las fuentes,
          las plantas, hierbas y flores,
          ¿con cuánta mayor razón
          estas sumas perfecciones
          se verifican de Dios,
          a cuya Beldad, los Orbes,
          para servirle de espejos,
          indignos se reconocen;
          y a Quien todas las criaturas
          (aunque no hubiera razones
          de tan grandes beneficios,
          de tan extraños favores)
          por Su Hermosura, no más,
          debieran adoraciones;
          y a Quien la Naturaleza
          (que soy yo), con atenciones,
          como a mi Centro apetezco
          y sigo como a mi Norte?
          Y así, pues Madre de entrambas
          soy, intento con colores
          alegóricos, que ideas
          representables componen,
          tomar de la una el sentido,

                 (A la Sinagoga)

          tomar de la otra las voces,

                (A la Gentilidad)

          y en metafóricas frases,
          tomando sus locuciones
          y en figura de Narciso,
          solicitar los amores
          de Dios, a ver si dibujan
          estos obscuros borrones
          la claridad de Sus luces;
          pues muchas veces conformes
          Divinas y Humanas Letras,
          dan a entender que Dios pone
          aun en las Plumas Gentiles
          unos visos en que asomen
          los altos Misterios Suyos;
          y así quiero que, concordes,
          tú des el cuerpo a la idea,

                 (A la Sinagoga)

          y tú el vestido le cortes.

                (A la Gentilidad)

          ¿Qué decís?


                     SINAGOGA

            Que por la parte
          que del intento me toque,
          te serviré yo con darte
          en todo lo que te importen,
          los versos de mis Profetas,
          los coros de mis Cantores.


                    GENTILIDAD

          Yo, aunque no te entiendo bien,
          pues es lo que me propones,
          que sólo te dé materia
          para que tú allá la informes
          de otra alma, de otro sentido
          que mis ojos no conocen,
          te daré de humanas letras
          los poéticos primores
          de la historia de Narciso.


                NATURALEZA HUMANA

          Pues volved a las acordes
          músicas, en que os hallé,
          porque quien oyere, logre
          en la metáfora el ver
          que, en estas amantes voces,
          una cosa es la que entiende
          y otra cosa la que oye.

                    ESCENA II


                     SINAGOGA

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                    GENTILIDAD

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                     SINAGOGA

          Todos los Hombres Le alaben
          y nunca su aplauso acaben
          los Ángeles en su altura,
          el Cielo con su hermosura,
          y con sus giros los Orbes.


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                    GENTILIDAD

          Y pues Su beldad hermosa,
          soberana y prodigiosa,
          es de todas la mayor,
          cuyo sin igual primor
          aplauden los horizontes,


                      CORO 2

          ¡aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                     SINAGOGA

          Las Aguas que sobre el Cielo
          forman cristalino hielo,
          y las excelsas Virtudes
          que moran sus celsitudes,
          todas Le alaben conformes.


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                    GENTILIDAD

          A Su bello resplandor
          se para el claro Farol
          del Sol; y por ver Su Cara,
          el fogoso carro para,
          mirando sus perfecciones.


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                     SINAGOGA

          El Sol, la Luna y Estrellas,
          el Fuego con sus centellas,
          la Niebla con el Rocío,
          la Nieve, el Hielo y el Frío
          y los Días y las Noches.


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los hombres!


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                    GENTILIDAD

          Su atractivo singular
          no sólo llega a arrastrar
          las Ninfas y los Zagales,
          en su seguimiento iguales,
          mas las Peñas y los Montes.


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                      CORO 1

          Alabad al Señor, todos los Hombres!


                NATURALEZA HUMANA

          ¡Oh, qué bien suenan unidas
          las alabanzas acordes,
          que de Su Beldad divina
          celebran las perfecciones!
          Que aunque las desdichas mías
          desterrada de Sus soles
          me tienen, no me prohiben
          el que Su Belleza adore;
          que aunque, justamente airado
          por mis delitos enormes,
          me desdeña, no me faltan
          piadosos intercesores
          que Le insten continuamente
          para que el perdón me otorgue,
          y el estar en mí Su imagen,
          bien que los raudales torpes
          de las aguas de mis culpas
          toda mi belleza borren:
          que a las culpas, el Sagrado
          Texto, en muchas ocasiones
          aguas llama, cuando dice:
          "No la tempestad me ahogue
          del agua"; y en otra parte,
          alabando los favores
          de Dios, repite David
          que su Dios, que le socorre,
          le libró de muchas aguas;
          y que los intercesores
          llegan en tiempo oportuno,
          pero que no en los furores
          del diluvio de las aguas.
          Y así, bien es que yo nombre
          aguas turbias a mi culpa,
          cuyos obscenos colores
          entre mí y Él interpuestos,
          tanto mi ser descomponen,
          tanto mi belleza afean,
          tanto alteran mis facciones,
          que si las mira Narciso,
          a Su imagen desconoce.
          Díganlo, después de aquel
          pecado del primer hombre,
          que fue mar, cuyas espumas
          no hay ninguno que no mojen,
          tantas fuentes, tantos ríos
          obscenos de pecadores,
          en quien la Naturaleza
          siempre sumergida, esconde
          Su hermosura.  ¡Oh, quiera el Cielo
          que mis esperanzas topen
          alguna Fuente que, libre
          de aquellas aguas salobres,
          represente de Narciso
          enteras las perfecciones!
          Y mientras quiere mi dicha
          que yo sus cristales toque,
          vosotros, para ablandar
          de Narciso los rigores,
          repetid Sus alabanzas
          en tiernas aclamaciones,
          uniendo a cláusulas llanto,
          porque es lo mejor que oye.
          Representad mi dolor;
          que vuestras voces acordes
          puede ser que Lo enternezcan,
          y piadoso me perdone.
          Y pues en edad ninguna
          ha faltado quien abogue
          por mí, vamos a buscar
          la Fuente en que mis borrones
          se han de lavar, sin dejar
          las dulces repeticiones
          de la Música, diciendo
          entre lágrimas y voces:


                      CORO 1

          ¡Alabad al Señor todos los Hombres!


                      CORO 2

          ¡Aplaudid a Narciso, Fuentes y Flores!


                    ESCENA III

  (Éntranse, y salen ECO, Ninfa, alborotada; la
  SOBERBIA, de Pastora; el AMOR PROPIO, de Pastor.)


                       ECO

          Soberbia, Amor Propio, amigos,
          ¿oísteis en esta selva
          unas voces?


                     SOBERBIA

            Yo atendí
          sus cláusulas; por más señas,
          que mucho más que el oído,
          el corazón me penetran.


                   AMOR PROPIO

          Yo también, que al escuchar
          lo dulce de sus cadencias,
          fuera de mi acuerdo estoy.


                       ECO

          Pues, y bien, ¿qué inferís de ellas?


                     SOBERBIA

          Nada, porque sólo yo
          conozco que me molestan,
          como la Soberbia soy,
          las alabanzas ajenas.


                   AMOR PROPIO

          Yo sólo sé que me cansan
          cariños que se enderezan,
          como yo soy Amor Propio,
          a amar a quien yo no sea.


                       ECO

          Pues yo os diré lo que infiero,
          que como mi infusa ciencia
          se distingue de mi Propio
          Amor, y de mi Soberbia,
          no es mucho que no la alcancen,
          y es natural que la teman.
          Y así, Amor Propio, que en mí
          tan inseparable reinas,
          que haces que de mí me olvide,
          por hacer que a mí me quiera
          (porque el Amor Propio
          es de tal manera,
          que insensato olvida
          lo mismo que acuerda);
          Principio de mis afectos,
          pues eres en quien empezan,
          y tú eres en quien acaban,
          pues acaban en Soberbia
          (porque cuando el Amor Propio
          de lo que es razón se aleja,
          en Soberbia se remata,
          que es el afecto que engendra,
          que es aquel que todas
          las cosas intenta
          sólo dirigidas
          a su conveniencia),
          escuchadme. Ya habéis visto
          que aquesta Pastora bella
          representa en común toda
          la Humana Naturaleza:
          que en figura de una Ninfa,
          con metafórica idea,
          sigue a una Beldad que adora,
          no obstante que la desprecia;
          y para que a las Divinas
          sirvan las Humanas Letras,
          valiéndose de las dos,
          su conformidad coteja,
          tomando a unas el sentido,
          y a las otras la corteza;
          y prosiguiendo las frases,
          usando de la licencia
          de retóricos colores,
          que son uno, y otro muestran,
          Narciso a Dios llama,
          porque Su Belleza
          no habrá quien la iguale,
          ni quien la merezca.
          Pues ahora, puesto que
          mi persona representa
          el Ser Angélico, no
          en común, mas sólo aquella
          parte réproba, que osada
          arrastró de las Estrellas
          la tercer parte al Abismo,
          quiero, siguiendo la mesma
          metáfora que ella, hacer
          a otra Ninfa; que pues ella
          como una Ninfa a Narciso
          sigue, ¿qué papel me queda
          hacer, sino a Eco infeliz,
          que de Narciso se queja?
          Pues ¿qué más Beldad
          que la Suya inmensa,
          ni qué más desprecio
          que el que a mí me muestra?
          Y así, aunque ya lo sabéis,
          por lo que a mí me atormenta
          (que soy yo tal, que ni a mí
          reservo la mayor pena),
          os referiré la historia
          con la metáfora mesma,
          para ver si la de Eco
          conviene con mi tragedia.
          Desde aquí el curioso
          mire si concuerdan
          verdad y ficción,
          el sentido y letra.
             Ya sabéis que yo soy Eco,
          la que infelizmente bella,
          por querer ser más hermosa
          me reduje a ser más fea,
          porque --viéndome dotada
          de hermosura y de nobleza,
          de valor y de virtud,
          de perfección y de ciencia,
          y en fin, viendo que era yo,
          aun de la Naturaleza
          Angélica ilustre mía,
          la criatura más perfecta--,
          ser esposa de Narciso
          quise, e intenté soberbia
          poner mi asiento en Su Solio
          e igualarme a su grandeza,
          juzgando que no
          era inconsecuencia
          que fuera igual Suya
          quien era tan bella;
          por lo cual, Él, ofendido,
          tan desdeñoso me deja,
          tan colérico me arroja
          de Su gracia y Su presencia,
          que no me dejó ¡ay de mí!,
          esperanza de que pueda
          volver a gozar los rayos
          de Su Divina Belleza.
          Yo, viéndome despreciada,
          con el dolor de mi afrenta,
          en odio trueco el amor
          y en rencores la terneza,
          en venganzas los cariños,
          y cual víbora sangrienta,
          nociva ponzoña exhalo,
          veneno animan mis venas;
          que cuando el amor
          en odio se trueca,
          es más eficaz
          el rencor que engendra.
          Y temerosa de que
          la Humana Naturaleza
          los laureles que perdí,
          venturosa se merezca,
          inventé tales ardides,
          formé tal estratagema,
          que a la incauta Ninfa obligo,
          sin atender mi cautela,
          que a Narciso desobligue,
          y que ingrata y desatenta
          Le ofenda, viendo que Él es
          de condición tan severa,
          que ofendido ya una vez,
          como es infinita ofensa
          la que se hace a Su Deidad,
          no hay medio para que vuelva
          a Su gracia, porque
          es tanta la deuda,
          que nadie es capaz
          de satisfacerla.
          Y con esto a la infeliz
          la reduje a tal miseria,
          que por más que tristemente
          gime al son de sus cadenas,
          son en vano sus suspiros,
          son inútiles sus quejas,
          pues, como yo, no podrá
          eternamente risueña
          ver la cara de Narciso:
          con lo cual vengada queda
          mi injuria, porqué
          ya que no posea
          yo el Solio, no es bien
          que otra lo merezca,
          ni que lo que yo perdí,
          una villana grosera,
          de tosco barro formada,
          hecha de baja materia,
          llegue a lograr. Así es bien
          que estemos todos alerta,
          para que nunca Narciso
          a mirar sus ojos vuelva:
          porque es a Él tan parecida,
          en efecto, como hecha
          a Su imagen (¡ay de mí!,
          de envidia el pecho revienta),
          que temo que, si la mira,
          Su imagen que mira en ella
          obligará a Su Deidad
          a que se incline a quererla;
          que la semejanza
          tiene tanta fuerza,
          que no puede haber
          quien no la apetezca.
          Y así, siempre he procurado
          con cuidado y diligencia
          borrar esta semejanza,
          haciéndola que cometa
          tales pecados, que Él mismo
          --soltando a Acuario las riendas--
          destruyó por agua el mundo,
          en venganza de su ofensa.
          Mas como es costumbre Suya,
          que siempre piadoso mezcla
          en medio de la Justicia
          los visos de la Clemencia,
          quiso, no obstante el naufragio,
          que a favor de la primera
          nadante tabla, salvase
          la vida que aún hoy conserva;
          que aun entre el enojo,
          siempre se Le acuerda
          la Misericordia,
          para usar más de ella.
          Pero apenas respiró
          del daño, cuando soberbia,
          con homenajes altivos
          escalar el cielo intenta,
          y creyendo su ignorancia
          que era accesible la Esfera
          a corporales fatigas
          y a materiales tareas,
          altiva Torre fabrica,
          pudiendo labrar más cuerda
          inmateriales escalas
          hechas de su penitencia.
          A cuya loca ambición,
          en proporcionada pena,
          correspondió en divisiones
          la confusión de las lenguas;
          que es justo castigo
          al que necio piensa
          que lo entiende todo,
          que a ninguno entienda.
          Después de así divididos,
          les insistí a tales sectas,
          que ya adoraban al Sol,
          ya el curso de las Estrellas,
          ya veneraban los brutos,
          ya daban culto a las peñas,
          ya a las fuentes, ya a los ríos,
          ya a los bosques, ya a las selvas,
          sin que quedara criatura,
          por inmunda o por obscena,
          que su ceguedad dejara,
          que su ignorancia excluyera;
          y adorando embelesados
          sus inclinaciones mesmas,
          olvidaron de su Dios
          la adoración verdadera;
          conque amando Estatuas
          su ignorancia ciega,
          vinieron a casi
          transformarse en ellas.

                    ESCENA IV

          Mas no obstante estos delitos,
          nunca han faltado centellas
          que de aquel primer origen
          el noble ser les acuerdan;
          y pretendiendo volver
          a la dignidad primera,
          con lágrimas y suspiros
          aplacar a Dios intentan.
          Y si no, mirad a Abel,
          que las Espigas agrega
          y los carbones aplica,
          para hacer a Dios ofrenda.

  (Ábrese el Carro segundo; y va dando vuelta, en elevación,
  ABEL, encendiendo la lumbre; y encúbrese, en cantando:)


                       ABEL

          ¡Poderoso Dios
          de piedad inmensa,
          esta ofrenda humilde
          de mi mano acepta!


                       ECO

          Al santo Enoc atended,
          que es el primero que empieza
          a invocar de Dios el Nombre
          con invocaciones nuevas.

  (Pasa de la misma manera ENOC, de rodillas, puestas
  las manos, y canta:)


                       ENOC

          ¡Criador Poderoso
          del Cielo y la Tierra,
          sólo a Ti por Dios
          confiesa mi lengua!


                       ECO

          Ved a Abraham, aquel monstruo
          de la fe y de la obediencia,
          que ni dilata matar
          al hijo, aunque más lo quiera,
          por el mandato de Dios;
          ni duda de la promesa
          de que al número sus hijos
          igualen de las Estrellas.
          Y ved cómo Dios benigno,
          en justa correspondencia,
          la víctima le perdona
          y el sacrificio le acepta.

  (Pasa ABRAHAM, como lo pintan, y canta el Ángel:)


                      ÁNGEL

          ¡Para herir al niño
          la mano no extiendas,
          que basta haber visto
          cuánto al Señor temas!


                       ECO

          Ved a Moisés, que Caudillo
          de Dios al pueblo gobierna,
          y viendo que ha idolatrado
          y Dios castigarlo intenta,
          su autoridad interpone
          y osadamente Le ruega.

          (Pasa Moisés, con las Tablas de la Ley, y canta:)


                      MOISÉS

          ¡O perdone al Pueblo,
          Señor, Tu clemencia,
          o bórreme a mí
          de la Vida eterna!


                       ECO

          Pero ¿para qué es cansaros?
          Atended de los Profetas
          y Patrïarcas al Coro
          que con dulces voces tiernas
          piden el remedio a Dios,
          quieren que a aliviarlos venga.


                      CORO 1

          ¡Abrid, claros Cielos
          vuestras altas puertas,
          y las densas nubes
          al Justo nos lluevan!


                       ECO

          Pues atended, misteriosa,
          a otra petición opuesta,
          al parecer, a ésta, pues
          dice con voces diversas:


                      CORO 2

          ¡Ábranse las bocas
          de la dura Tierra,
          y brote, cual fruto,
          el Salvador de ella!


                       ECO

          Con que los unos Le piden
          que del Cielo les descienda,
          y que de la Tierra nazca
          quieren otros, de manera
          que ha de tener, Quien los salve,
          entrambas Naturalezas.
          Pues yo, ¡ay de mí!, que en Narciso
          conozco, por ciertas señas,
          que es Hijo de Dios, y que
          nació de una verdadera
          Mujer, temo, y con bastantes
          fundamentos, que Éste sea
          el Salvador. Y porqué
          a la alegoría vuelva
          otra vez, digo que temo
          que Narciso, que desdeña
          mi nobleza y mi valor,
          a aquesta Pastora quiera;
          porque suele el gusto,
          que leyes no observa,
          dejar el brocado
          por la tosca jerga.
          Y para impedir, ¡ay triste!,
          que sobre la injuria hecha
          a mi ser y a mi hermosura,
          otra mayor no me venga,
          hemos de solicitar,
          que si impedirle que a verla
          no llegue, no sea posible,
          que consigamos siquiera
          que en las turbias aguas
          de su culpa sea,
          para que Su imagen
          borrada parezca.
          ¿Qué os parece?


                     SOBERBIA

            ¿Qué me puede
          parecer, si de tu idea
          soy, desde que tienes ser,
          individua compañera,
          tanto, que por asentir
          a mis altivas propuestas,
          en desgracia de Narciso
          estás? Pero aunque desprecia
          Él, y toda Su facción,
          tus partes y tu nobleza,
          ya has visto, que cuando
          los demás te dejan,
          sólo te acompaña
          siempre tu Soberbia.


                   AMOR PROPIO

          Y yo, que desde el instante
          que intentaste tu suprema
          Silla sobre el Aquilón
          poner, y que tu grandeza
          al Altísimo igualara,
          me engendraste, contra ésa
          que, representada en visos,
          te dieron a entender que era
          la que, aunque inferior
          en naturaleza,
          en mérito había
          de ser más excelsa;
          y dándote entonces tú
          por sentida de la ofensa,
          concebiste tal rencor,
          engendraste tanta pena,
          que en odio mortal,
          que en rabiosa queja
          se volvió el cariño,
          trocó la fineza...
          Y así, si soy tu Amor Propio,
          ¿qué dudas que me parezca
          bien, que pues padeces tú,
          el mundo todo padezca?
          ¡Padezca esa vil Pastora,
          padezca Narciso y muera,
          si con muerte de uno y otro
          se borran nuestras ofensas!


                       ECO

          Pues tan conformes estáis,
          y en la elevada eminencia
          de esta montaña Se oculta,
          acompañado de fieras,
          tan olvidado de Sí
          que ha que no come cuarenta
          días, dejadme llegar
          y con una estratagema
          conoceré si es Divino,
          pues en tanta fortaleza
          lo parece, pero luego
          en la hambre que Le aqueja
          muestra que es Hombre no más,
          pues la hambre Le molesta.
          Y así yo intento llegar
          amorosa y halagüeña,
          que la tentación
          ¿quién duda que sea
          más fuerte, si en forma
          de una mujer tienta?
          Y así, vosotros estad,
          de todo cuanto suceda,
          a la mira.


                     LOS DOS

            Así lo haremos,
          porque acompañarte es fuerza.


                  CUADRO SEGUNDO

                     ESCENA V

  (Descúbrese un Monte, y en lo alto el DIVINO NARCISO,
  de Pastor galán, y algunos animales; y mientras
  ECO va subiendo, dice NARCISO en lo alto:)


                     NARCISO

          En aquesta montaña, que eminente
          el Cielo besa con la altiva frente,
          sintiendo ajenos, como propios males,
          me acompañan los simples animales,
          y las canoras aves
          con músicas süaves
          saludan Mi hermosura,
          de más luciente Sol, Alba más pura.
          No recibo alimento
          de material sustento,
          porque está desquitando Mi abstinencia
          de algún libre bocado la licencia.

  (Acaba de subir ECO, y dice cantando en tono recitativo:)


                       ECO

          Bellísimo Narciso,
          que a estos humanos valles,
          del Monte de Tus glorias
          las celsitudes traes:
             mis pesares escucha,
          indignos de escucharse,
          pues ni aun en esto esperan
          alivio mis pesares.
             Eco soy, la más rica
          Pastora de estos valles;
          bella decir pudieran
          mis infelicidades.
             Mas desde que severo
          mi beldad despreciaste,
          las que canté hermosuras
          ya las lloro fealdades.
             Pues Tú mejor conoces
          que los claros imanes
          de Tus ojos arrastran
          todas las voluntades,
             no extrañarás el ver
          que yo venga a buscarte,
          pues todo el mundo adora
          Tus prendas celestiales.
             Y así, vengo a decirte
          que ya que no es bastante
          a ablandar Tu dureza
          mi nobleza y mis partes,
             siquiera por Ti mismo
          mires interesable
          mis riquezas, atento
          a tus comodidades.
             Pagarte intento, pues
          no será disonante
          el que venga a ofrecerte
          la que viene a rogarte.
             Y pues el interés
          es en todas edades
          quien del Amor aviva
          las viras penetrantes,
             tiende la vista a cuanto
          alcanza a divisarse
          desde este monte excelso
          que es injuria de Atlante.
             Mira aquestos ganados
          que, inundando los valles,
          de los prados fecundos
          las esmeraldas pacen.
             Mira en cándidos copos
          la leche, que al cuajarse,
          afrenta los jazmines
          de la Aurora que nace.
             Mira, de espigas rojas,
          en los campos formarse
          pajizos chamelotes
          a las olas del aire.
             Mira de esas montañas
          los ricos minerales,
          cuya preñez es oro,
          rubíes y diamantes.
             Mira, en el mar soberbio,
          en conchas congelarse
          el llanto de la Aurora
          en perlas orientales.
             Mira de esos jardines
          los fecundos frutales,
          de especies diferentes
          dar frutos admirables.
             Mira con verdes pinos
          los montes coronarse:
          con árboles que intentan
          del Cielo ser Gigantes.
             Escucha la armonía
          de las canoras aves
          que en coros diferentes
          forman dulces discantes.
             Mira de uno a otro Polo
          los Reinos dilatarse,
          dividiendo regiones
          los brazos de los mares,
             y mira cómo surcan
          de las veleras naves
          las ambiciosas proas
          sus cerúleos cristales.
             Mira entre aquellas grutas
          diversos animales:
          a unos, salir feroces;
          a otros, huir cobardes.
             Todo, bello Narciso,
          sujeto a mi dictamen,
          son posesiones mías,
          son mis bienes dotales.
             Y todo será Tuyo,
          si Tú con pecho afable
          depones lo severo
          y llegas a adorarme.


                     NARCISO

          Aborrecida Ninfa,
          no tu ambición te engañe,
          que Mi Belleza sola
          es digna de adorarse.
             Véte de Mi presencia
          al polo más distante,
          adonde siempre penes,
          adonde nunca acabes.


                       ECO

          Ya me voy, pero advierte
          que, desde aquí adelante,
          con declarados odios
          tengo de procurarte
             la muerte, para ver
          si mi pena implacable
          muere con que Tú mueras,
          o acaba con que acabes.

                  CUADRO TERCERO

  [Paisaje de bosque y prado; y en su extremo,
  una fuente.]

                    ESCENA VI

  (Cúbrese el Monte, y sale la NATURALEZA HUMANA.)


                NATURALEZA HUMANA

          De buscar a Narciso fatigada,
          sin permitir sosiego a mi pie errante,
          ni a mi planta cansada
          que tantos ha ya días que vagante
          examina las breñas
          sin poder encontrar más que las señas,
             a este bosque he llegado donde espero
          tener noticias de mi Bien perdido;
          que si señas confiero,
          diciendo está del prado lo florido,
          que producir amenidades tantas,
          es por haber besado ya Sus plantas.
             ¡Oh, cuántos días ha que he examinado
          la selva flor a flor, y planta a planta,
          gastando congojado
          mi triste corazón en pena tanta,
          y mi pie fatigando, vagabundo,
          tiempo, que siglos son; selva, que es Mundo!
             Díganlo las edades que han pasado
          díganlo las regiones que he corrido,
          los suspiros que he dado,
          de lágrimas los ríos que he vertido,
          los trabajos, los hierros, las prisiones
          que he padecido en tantas ocasiones.
             Una vez, por buscarle, me toparon
          de la Ciudad las Guardas, y atrevidas,
          no sólo me quitaron
          el manto, mas me dieron mil heridas
          los Centinelas de los altos muros,
          teniéndose de mí por mal seguros.
             ¡Oh Ninfas que habitáis este florido
          y ameno prado, ansiosamente os ruego
          que si acaso al Querido
          de mi alma encontrareis, de mi fuego
          Le noticiéis, diciendo el agonía
          con que de amor enferma el alma mía!
             Si queréis que os dé señas de mi Amado,
          rubicundo esplendor Le colorea
          sobre jazmín nevado;
          por su cuello, rizado Ofir pasea;
          los ojos, de paloma que enamora
          y en los raudales transparentes mora.
             Mirra olorosa de Su aliento exhala;
          las manos son al torno, y están llenas
          de jacintos, por gala,
          o por indicio de Sus graves penas:
          que si el jacinto es Ay, entre Sus brillos
          ostenta tantos Ayes como anillos.
             Dos columnas de mármol, sobre basas
          de oro, sustentan Su edificio bello;
          y en delicias no escasas
          suavísimo es, y ebúrneo, el blanco cuello;
          y todo apetecido y deseado.
          Tal es, ¡oh Ninfas!, mi divino Amado.
             Entre millares mil es escogido;
          y cual granada luce sazonada
          en el prado florido,
          entre rústicos árboles plantada,
          así, sin que ningún Zagal Le iguale,
          entre todos los otros sobresale.
             Decidme dónde está El que mi alma adora,
          o en qué parte apacienta Sus corderos,
          o hacia dónde --a la hora
          meridiana-- descansan sus luceros,
          para que yo no empiece a andar vagando
          por los rediles, que Lo voy buscando.
             Mas, por mi dicha, ya cumplidas veo
          de Daniel Sus Semanas misteriosas,
          y logra mi deseo
          las alegres promesas amorosas
          que me ofrece Isaías
          en todas sus Sagradas Profecías.
             Pues ya nació aquel Niño hermoso y bello,
          y ya nació aquel Hijo delicado,
          que será gloria el vello
          llevando sobre el hombro el principado:
          Admirable, Dios Fuerte, Consejero,
          Rey, y Padre del siglo venidero.
             Ya brotó aquella Vara misteriosa
          de Jesé, la Flor bella en quien descansa
          sobre su copa hermosa
          Espíritu Divino, en que afïanza
          Sabiduría, Consejo, Inteligencia,
          Fortaleza, Piedad, Temor y Ciencia.
             Ya el Fruto de David tiene la Silla
          de Su padre; ya el lobo y el cordero
          se junta y agavilla,
          y el cabritillo con el pardo fiero;
          junto al oso el becerro quieto yace,
          y como buey el león las pajas pace.
             Recién nacido Infante, quieto juega
          en el cóncavo de áspid ponzoñoso,
          y a la caverna llega
          del régulo nocivo, Niño hermoso,
          y la manilla en ella entra seguro,
          sin poderle dañar su aliento impuro.
             Ya la señal, que Acaz pedir no quiso,
          y Dios le concedió, sin él pedilla,
          se ve, pues ya Dios hizo
          la nueva, la estupenda maravilla
          que a la Naturaleza tanto excede,
          de que una Virgen para, y Virgen quede.
             Ya a Abraham se ha cumplido la promesa
          que Dios reiteró a Isaac, de que serían
          en su estirpe y nobleza
          bendecidas las gentes que nacían
          en todas las naciones,
          para participar sus bendiciones.
             El Cetro de Judá, que ya ha faltado,
          según fue de Jacob la profecía,
          da a entender que ha llegado
          del Mundo la Esperanza y la Alegría,
          la Salud del Señor que él esperaba
          y en profético espíritu miraba.
             Sólo me falta ya, ver consumado
          el mayor Sacrificio.  ¡Oh, si llegara,
          y de mi dulce Amado
          mereciera mi amor mirar la cara!
          Seguiréle, por más que me fatigue,
          pues dice que ha de hallarle quien Le sigue.
             ¡Oh, mi Divino Amado, quién gozara
          acercarse a Tu aliento generoso,
          de fragancia más rara
          que el vino y el ungüento más precioso!
          Tu nombre es como el óleo derramado,
          y por eso las Ninfas Te han amado.
             Tras Tus olores presta voy corriendo:
          ¡oh, con cuánta razón todas Te adoran!
          Mas no estés atendiendo
          si del Sol los ardores me coloran;
          mira que, aunque soy negra, soy hermosa,
          pues parezco a Tu imagen milagrosa.
             Mas allí una Pastora hermosa veo:
          ¿quién podrá ser beldad tan peregrina?;
          mas, o miente el deseo,
          o ya he visto otra vez su luz divina.
          A ella quiero acercarme,
          por ver si puedo bien certificarme.

                    ESCENA VII

  (Sale la GRACIA, de Pastora, cantando; y vanse acercando.)


                      GRACIA

          Albricias, Mundo; albricias,
          Naturaleza Humana,
          pues con dar esos pasos
          te acercas a la Gracia:
          ¡dichosa el Alma
          que merece tenerme en su morada!
             Venturosa es mil veces
          quien me ve tan cercana;
          que está muy cerca el Sol
          cuando parece el Alba:
          ¡dichosa el Alma
          que merece hospedarme en su morada!

  (Repite la Música este último verso, y llégase la Naturaleza
  a ella.)


                NATURALEZA HUMANA

          Pastora hermosa, que admiras,
          dulce Sirena, que encantas
          no menos con tu hermosura
          que con tu voz soberana;
          pues a mí tu voz diriges
          y a mí albricias me demandas
          de alguna nueva feliz,
          pues dicen tus consonancias:


                     LAS DOS

          Albricias, Mundo; albricias
          Naturaleza Humana,
          pues con dar esos pasos
          te acercas a la Gracia:


                       CORO

          ¡dichosa el Alma,
          que merece hospedarme en su morada!


                NATURALEZA HUMANA

          ¿De qué son? Y tú quién eres
          díme; porque aunque tu cara
          juzgo que he visto otra vez,
          las especies tan borradas
          tengo, que no te conozco
          bien.


                      GRACIA

          Aquesto no me espanta,
          que estuve poco contigo,
          y tú entonces descuidada
          no me supiste estimar,
          hasta que viste mi falta.


                NATURALEZA HUMANA

          Pues en fin, díme ¿quién eres?


                      GRACIA

          ¿No te acuerdas de una Dama
          que, en aquel bello Jardín
          adonde fue tu crïanza,
          por mandato de tu Padre
          gustosa te acompañaba
          asistiéndote, hasta que
          tú por aquella desgracia,
          dejándole a Él enojado,
          te saliste desterrada,
          y a mí me apartó de ti,
          de tu delito en venganza,
          hasta ahora?


                NATURALEZA HUMANA

                ¡Oh, venturosa
          la que vuelve a ver tu cara,
          Gracia divina, pues eres
          la mejor prenda del Alma!
          ¡Los brazos me da!


                      GRACIA

                Eso no,
          que todavía te falta
          para llegar a mis brazos
          una grande circunstancia.


                NATURALEZA HUMANA

          Si está en diligencia mía,
          díla, para ejecutarla.


                      GRACIA

          No está en tu mano, aunque está
          el disponerte a alcanzarla
          en tu diligencia; porque
          no bastan fuerzas humanas
          a merecerla, aunque pueden
          con lágrimas impetrarla,
          como don gracioso que es,
          y no es justicia, la Gracia.


                NATURALEZA HUMANA

          Y ¿cómo he de disponerme?


                      GRACIA

          ¿Cómo? Siguiendo mis plantas,
          y llegando a aquella Fuente,
          cuyas cristalinas aguas
          libres de licor impuro,
          siempre limpias, siempre intactas
          desde su instante primero,
          siempre han corrido sin mancha,
          Aquésta es de los Cantares
          aquella Fuente Sellada,
          que sale del Paraíso,
          y aguas vivíficas mana.
          Éste, el pequeño raudal
          que, misterioso, soñaba
          Mardoqueo, que crecía
          tanto, que de su abundancia
          se formaba un grande Río,
          y después se transformaba
          en Luz y en Sol, inundando
          los campos de su pujanza.


                NATURALEZA HUMANA

          Ya sé que ahí se entiende Esther
          y que, en Esther, figurada
          está la imagen divina
          de La que es Llena de Gracia.
          ¡Oh, Fuente divina, oh Pozo
          de las vivíficas aguas,
          pues desde el primer instante
          estuviste preservada
          de la original ponzoña,
          de la trascendental mancha,
          que infesta los demás Ríos:
          vuelve tú la imagen clara
          de la beldad de Narciso,
          que en ti sola se retrata
          con perfección Su belleza,
          sin borrón Su semejanza!


                      GRACIA

          Naturaleza feliz,
          pues ya te ves tan cercana
          a conseguir tu remedio,
          llega a la Fuente sagrada
          de cristalinas corrientes,
          de quien yo he sido la Guarda,
          desde que ayer empezó
          su corriente, Inmaculada
          por singular privilegio;
          y encubierta entre estas ramas,
          a Narciso esperaremos,
          que no dudo que Lo traiga
          a refrigerarse en ella
          la ardiente sed que Lo abrasa.
          Procura tú que tu rostro
          se represente en las aguas,
          porque llegando Él a verlas
          mire en ti Su semejanza;
          porque de ti Se enamore.


                NATURALEZA HUMANA

          Déjame antes saludarla,
          pues ha de ser ella el medio
          del remedio de mis ansias.


                      GRACIA

          Debido obsequio es, y así
          yo te ayudaré a invocarla.

                 Canta la GRACIA

          ¡Oh, siempre cristalina,
          clara y hermosa Fuente:
          tente, tente;
          reparen mi rüina
          tus ondas presurosas,
          claras, limpias, vivíficas, lustrosas!


                NATURALEZA HUMANA

          No vayas tan ligera
          en tu corriente clara;
          para, para,
          mis lágrimas espera:
          vayan con tu corriente
          santa, pura, clarísima, luciente.


                      GRACIA

          ¡Fuente de perfecciones,
          de todas la más buena,
          llena, llena
          de méritos y dones,
          a quien nunca ha llegado
          mácula, riesgo, sombra, ni pecado!


                NATURALEZA HUMANA

          Serpiente ponzoñosa
          no llega a tus espejos:
          lejos, lejos
          de tu corriente hermosa,
          su ponzoña revienta;
          tú corres limpia, preservada, exenta.


                      GRACIA

          Bestia obscena, ni fiera,
          no llega a tus cristales;
          tales, tales
          son, y de tal manera,
          que dan con su dulzura
          fortaleza y salud, gusto y ventura.


                NATURALEZA HUMANA

          Mi imagen representa
          si Narciso repara,
          clara, clara;
          porque al mirarla sienta
          del amor los efectos,
          ansias, deseos, lágrimas y afectos.


                      GRACIA

          Ahora en la margen florida,
          que da a su líquida plata
          guarniciones de claveles
          sobre campos de esmeraldas,
          nos sentaremos en tanto
          que llega; que el que Lo atraiga
          Naturaleza, no dudo,
          si está junta con la Gracia.


                NATURALEZA HUMANA

          Si el disponerme a tenerla,
          cuanto puedan mis humanas
          fuerzas, es lo que me toca,
          ya obedezco lo que mandas.

                   ESCENA VIII

  (Llegan las dos a la Fuente; pónese la NATURALEZA
  entre las ramas, y con ella la GRACIA, de manera que parezca
  que se miran; y sale por otra parte NARCISO, con
  una honda, como Pastor, y canta el último verso de
  [cada una de] las Coplas, y lo demás representa.)


                     NARCISO

          Ovejuela perdida,
          de tu Dueño olvidada,
          ¿adónde vas errada?
          Mira que dividida

                     (Canta)

          de Mí, también te apartas de tu vida.

             Por las cisternas viejas
          bebiendo turbias aguas,
          tu necia sed enjaguas;
          y con sordas orejas,

                     (Canta)

          de las aguas vivíficas te alejas.

             En Mis finezas piensa:
          verás que, siempre amante,
          te guardo vigilante,
          te libro de la ofensa,

                     (Canta)

          y que pongo la vida en tu defensa.

             De la escarcha y la nieve
          cubierto, voy siguiendo
          tus necios pasos, viendo
          que ingrata no te mueve

                     (Canta)

          ver que dejo por ti noventa y nueve.

             Mira que Mi hermosura
          de todas es amada,
          de todas es buscada,
          sin reservar criatura,

                     (Canta)

          y sólo a ti te elige tu ventura.

             Por sendas horrorosas
          tus pasos voy siguiendo,
          y Mis plantas hiriendo
          de espinas dolorosas

                     (Canta)

          que estas selvas producen, escabrosas.

             Yo tengo de buscarte;
          y aunque tema perdida,
          por buscarte, la vida,
          no tengo de dejarte,

                     (Canta)

          que antes quiero perderla por hallarte.

             ¿Así me correspondes,
          necia, de juicio errado?
          ¿No soy Quien te ha crïado?
          ¿Cómo no me respondes,

                     (Canta)

          y (como si pudieras) te Me escondes?

             Pregunta a tus mayores
          los beneficios Míos:
          los abundantes ríos,
          los pastos y verdores,

                     (Canta)

          en que te apacentaron Mis amores.

             En un campo de abrojos,
          en tierra no habitada,
          te hallé sola, arriesgada
          del lobo a ser despojos,

                     (Canta)

          y te guardé cual niña de Mis ojos.

             Trájete a la verdura
          del más ameno prado,
          donde te ha apacentado
          de la miel la dulzura,

                     (Canta)

          y aceite que manó de peña dura.

             Del trigo generoso
          la medula escogida
          te sustentó la vida,
          hecho manjar sabroso,

                     (Canta)

          y el licor de las uvas oloroso.

             Engordaste, y lozana,
          soberbia y engreída
          de verte tan lucida,
          altivamente vana,

                     (Canta)

          Mi belleza olvidaste soberana.

             Buscaste otros Pastores
          a quien no conocieron
          tus padres, ni los vieron
          ni honraron tus mayores;

                     (Canta)

          y con esto incitaste Mis furores.

             Y prorrumpí enojado:
          Yo esconderé Mi cara
          (a cuyas luces para
          su cara el Sol dorado)

                     (Canta)

          de este ingrato, perverso, infiel ganado.

             Yo haré que Mis furores
          los campos les abrasen,
          y las hierbas que pacen;
          y talen Mis ardores

                     (Canta)

          aun los montes que son más superiores.

             Mis saetas ligeras
          les tiraré, y la hambre
          corte el vital estambre;
          y de aves carniceras

                     (Canta)

          serán mordidos, y de bestias fieras.

             Probarán los furores
          de arrastradas serpientes;
          y en muertes diferentes
          obrará, en Mis rigores,

                     (Canta)

          fuera, el cuchillo; y dentro, los temores.

             Mira que soberano
          soy, y que no hay más fuerte;
          que Yo doy vida y muerte,
          que Yo hiero y Yo sano,

                     (Canta)

          y que nadie se escapa de Mi mano.

             Pero la sed ardiente
          Me aflige y me fatiga;
          bien es que el curso siga
          de aquella clara Fuente,

                     (Canta)

          y que en ella templar Mi ardor intente.

             Que pues por ti he pasado
          la hambre de gozarte,
          no es mucho que mostrarte
          procure Mi cuidado,

                     (Canta)

          que de la sed por ti estoy abrasado.

                  CUADRO CUARTO

                    ESCENA IX

  [El mismo paisaje, pero con la Fuente en su centro.]

  (Todo esto ha de haber dicho llegando hacia la Fuente,
  y llegando a ella, la mira y dice:)


                     NARCISO

          Llego; mas ¿qué es lo que miro?
          ¿Qué soberana Hermosura
          afrenta con su luz pura
          todo el Celestial Zafiro?
          Del Sol el luciente giro,
          en todo el curso luciente
          que da desde Ocaso a Oriente,
          no esparce en Signos y Estrellas
          tanta luz, tantas centellas
          como da sola esta Fuente.
             Cielo y Tierra se han cifrado
          a componer su arrebol:
          el Cielo con su Farol,
          y con sus flores el prado.
          La Esfera se ha transladado
          toda, a quererla adornar;
          pero no, que tan sin par
          Belleza, todo el desvelo
          de la Tierra, ni del Cielo,
          no la pudieran formar.
             Recién abierta granada
          sus mejillas sonrosea;
          sus dos labios hermosea
          partida cinta rosada,
          por quien la voz delicada,
          haciendo al coral agravio,
          despide el aliento sabio
          que así a sus claveles toca;
          leche y miel vierte la boca,
          panales destila el labio.
             Las perlas que en concha breve
          guarda, se han asimilado
          al rebaño, que apiñado
          desciende en copos de nieve;
          el cuerpo, que gentil mueve,
          el aire a la palma toma;
          los ojos, por quien asoma
          el alma, entre su arrebol
          muestran, con luces del Sol,
          benignidad de paloma.
             Terso el bulto delicado,
          en lo que a la vista ofrece,
          parva de trigo parece,
          con azucenas vallado;
          de marfil es torneado
          el cuello, gentil coluna.
          No puede igualar ninguna
          hermosura a su arrebol:
          escogida como el Sol
          y hermosa como la Luna.
             Con un ojo solo, bello,
          el corazón Me ha abrasado;
          el pecho Me ha traspasado
          con el rizo de un cabello.
          ¡Abre el cristalino sello
          de ese centro claro y frío,
          para que entre el amor Mío!
          Mira que traigo escarchada
          la crencha de oro, rizada,
          con las perlas del rocío.
             ¡Ven, Esposa, a tu Querido;
          rompe esa cortina clara:
          muéstrame tu hermosa cara,
          suene tu voz a mi oído!
          ¡Ven del Líbano escogido,
          acaba ya de venir,
          y coronaré el Ofir
          de tu madeja preciosa
          con la Corona olorosa
          de Amaná, Hermón y Sanir.

                     ESCENA X

  (Quédase como suspenso en la Fuente; y sale ECO,
  como acechando.)


                       ECO

          ¿Qué es aquesto que ven los ojos míos?
          O son de mis pesares desvaríos,
          o es Narciso el que está en aquella Fuente,
          cuya limpia corriente
          exenta corre de mi rabia fiera.
          ¡Quién fuera tan dichosa, que pudiera
          envenenar sus líquidos cristales
          para ponerles fin a tantos males,
          pues si Él bebiera en ella mi veneno,
          penara con las ansias que yo peno!
          Yo me quiero llegar, pues Él, suspenso,
          que está templando, pienso,
          la sed.

  (Llégase, y vuelve a retirarse.)

            ¡Pero qué miro!
          Confusa me acobardo y me retiro:
          Su misma semejanza contemplando
          está en ella, y mirando
          a la Naturaleza Humana en ella.
          ¡Oh fatales destinos de mi estrella!
          ¡Cuánto temí que clara la mirase,
          para que de ella no Se enamorase,
          y en fin ha sucedido! ¡Oh pena, oh rabia!
          Blasfemaré del Cielo que me agravia.
          Mas ni aun para la queja
          alientos el dolor fiero me deja,
          pues siento en ansia tanta
          un áspid, un dogal a la garganta.
          Si quiero articular la voz, no puedo
          y a media voz me quedo,
          o con la rabia fiera
          sólo digo la sílaba postrera;
          que pues Letras Sagradas, que me infaman,
          en alguna ocasión muda me llaman
          (porque aunque formalmente
          serlo no puedo, soylo causalmente
          y eficïentemente, haciendo mudo
          a aquel que mi furor ocupar pudo:
          locución metafórica, que ha usado
          como quien dice que es alegre el prado
          porque causa alegría,
          o de una fuente, quiere que se ría),
          y pues también alguna vez Narciso
          enmudecer me hizo,
          porque Su Ser Divino publicaba,
          y mi voz reprendiéndome atajaba,
          no es mucho que también ahora quiera
          que, con el ansia fiera,
          al llegar a mirarlo quede muda.
          Mas, ¡ay!, que la garganta ya se anuda;
          el dolor me enmudece.
          ¿Dónde está mi Soberbia? ¿No parece?
          ¿Cómo mi mal no alienta?
          Y mi Amor Propio, ¿cómo no fomenta,
          o anima mis razones?
          Muda estoy, ¡ay de mí!

                    ESCENA XI

  (Hace extremos, como que quiere hablar, y no puede;
  y salen, como asustados, la SOBERBIA y el AMOR PROPIO.)


                   AMOR PROPIO

                    ¿Qué confusiones
          Eco triste lamenta?
          Que aunque no es nuevo en ella ver que sienta,
          parece nueva pena
          la que de sus sentidos la enajena.


                     SOBERBIA

          Estatua de sí misma, enmudecida,
          ni aun respirar la deja dolorida
          la fuerza del ahogo que la oprime,
          aunque con mudas señas llora y gime.


                   AMOR PROPIO

          A consolar lleguemos su lamento,
          aunque le sirva de mayor tormento.


                     SOBERBIA

          Lleguemos a saber lo que la enoja,
          aunque le sirva de mayor congoja.


                   AMOR PROPIO

          Pues el tener su Propio Amor consigo,
          claro está que será mayor castigo.


                     SOBERBIA

          Pues tener su Soberbia, ¿quién ignora
          que le será mayor tormento ahora?


                   AMOR PROPIO

          Mira, que juzgo que precipitada
          quiere arrojarse, del furor llevada;
          ¡tengámosla!


                     SOBERBIA

                Tenerla solicito,
          aunque yo soy quien más la precipito.

  (Lléganse a ella y tiénenla; y ella hace como que quiere
  arrojarse.)


                     SOBERBIA

          ¡Tente, Eco hermosa! ¿Dónde vas? Espera;
          cuéntanos por qué estás de esa manera,
          que despeñarte intentas.
          ¿Con ver a tu Soberbia no te alientas?
          ¿Cómo querré yo verte despeñada,
          si siempre pretendí verte exaltada?


                   AMOR PROPIO

          ¿Que con ver tu Amor Propio no te animes?
          ¿Cómo podré sufrir que te lastimes,
          si por haberte amado
          tanto, nos redujimos a este estado?

  (Todo esto, teniéndola; y desde aquí, va respondiendo.)


                     SOBERBIA

          Tente, pues que yo te tengo.


                       ECO

          Tengo.


                   AMOR PROPIO

          Refiere tu ansiosa pena.


                       ECO

          Pena.


                     SOBERBIA

          Di la causa de tu rabia.


                       ECO

          Rabia.

  (Dentro, repite la MÚSICA, con tono triste, los ecos.)


                   AMOR PROPIO

          Pues eres tan sabia,
          ¿dínos qué accidentes
          tienes, o qué sientes?


                       ECO

          Tengo Pena, Rabia...


                   AMOR PROPIO

          ¿Pues qué has echado de ver?


                       ECO

          De ver.


                     SOBERBIA

          ¿De qué estás así, o por qué?


                       ECO

          Que.


                   AMOR PROPIO

          ¿Hay novedad en Narciso?


                       ECO

          Narciso.


                     SOBERBIA

          Dínos, ¿qué te hizo
          para ese accidente,
          o si es solamente...?


                       ECO

          De ver Que Narciso...


                     SOBERBIA

          No desesperes aún...


                       ECO

          Aún.


                   AMOR PROPIO

          que aún puede dejar de ser...


                       ECO

          Ser.


                     SOBERBIA

          que ese barro quebradizo...


                       ECO

          Quebradizo.


                   AMOR PROPIO

          no logre su hechizo,
          ni a su Amante obligue.
          Mas ¿Él a quién sigue?


                       ECO

          A un Ser Quebradizo.


                   AMOR PROPIO

          ¿Es posible que la quiere?


                       ECO

          Quiere.


                     SOBERBIA

          ¿Ese agravio me hace a mí?


                       ECO

          A mí.


                   AMOR PROPIO

          ¿Así por ella me agravia?


                       ECO

          Me agravia.


                     SOBERBIA

          Pues brote la rabia
          de mi furia insana;
          pues a una villana...


                       ECO

          Quiere, A mí Me agravia.


                     SOBERBIA

          Juntemos estas voces, que cortadas
          pronuncia su dolor despedazadas,
          que de ellas podrá ser nos enteremos
          por entero, del mal que no sabemos.


                   AMOR PROPIO

          Mejor es oírla a ella,
          que las repite al son de su querella.

  (Dice ECO, con intercadencias furiosas:)


                       ECO

          Tengo Pena, Rabia,
          De ver Que Narciso
          A un Ser Quebradizo
          Quiere, A mí Me agravia.

          (Repite la MÚSICA toda la copla.)


                   AMOR PROPIO

          En el estéril hueco de este tronco,
          la ocultemos, porque el gemido ronco
          de sus llorosas quejas
          no llegue de Narciso a las orejas;
          y allí tristes los dos la acompañemos,
          pues apartarnos de ella no podemos.

                    ESCENA XII

  (Vanse, llevándola; y levántase NARCISO de la fuente.)


                     NARCISO

          Selvas, ¿quién habéis mirado,
          el tiempo que habéis vivido,
          que ame como Yo he querido,
          que quiera como Yo he amado?
             ¿A quién, en el duradero
          siglo de prolijos días,
          habéis visto, selvas Mías,
          que muera del mal que muero?
             Mirando lo que apetezco,
          estoy sin poder gozarlo;
          y en las ansias de lograrlo,
          mortales ansias padezco.
             Conozco que ella Me adora
          y que paga el amor Mío,
          pues se ríe, si Me río,
          y cuando Yo lloro, llora.
             No me puedo engañar Yo,
          que Mi ciencia bien alcanza
          que Mi propia semejanza
          es quien Mi pena causó.
             De ella estoy enamorado;
          y aunque amor Me ha de matar,
          Me es más fácil el dejar
          la vida, que no el cuidado.

  (Dice lo siguiente, llegándose hacia donde entró ECO;
  y ella, desde donde está, va respondiendo.)


                     NARCISO

          Es insufrible el tormento.


                       ECO

          Tormento


                     NARCISO

          de los dolores que paso


                       ECO

          Paso.


                     NARCISO

          en rigor tan insufrible;


                       ECO

          Insufrible.


                     NARCISO

          pues en mi pena terrible
          y en el dolor de que muero,
          no gozando lo que quiero,


                     LOS DOS

          Tormento Paso Insufrible.


                     NARCISO

          ¡Oh cómo estará después


                       ECO

          Pues.


                     NARCISO

          maltratada Mi Hermosura,


                       ECO

          Mi Hermosura.


                     NARCISO

          de todas la más cabal!


                       ECO

          Cabal.


                     NARCISO

          Pues Mi pena sin igual
          me sujetó a padecer;
          pues ha ultrajado Mi Ser.


                     LOS DOS

          Pues Mi hermosura Cabal...


                     NARCISO

          ¡Que haya podido el Amor


                       ECO

          El Amor.


                     NARCISO

          sujetar así a Narciso,


                       ECO

          Hizo.


                     NARCISO

          y arrastrar a lo Inmortal!


                       ECO

          Mortal.


                     NARCISO

          Por él padezco este mal
          que siente mi pena fiera,
          pues a Aquél que Inmortal era,


                     LOS DOS

          El amor Hizo Mortal.


                     NARCISO

          ¿Cómo tan fiera sujeta


                       ECO

          Sujeta.


                     NARCISO

          aquesta pena inhumana


                       ECO

          Humana.


                     NARCISO

          Mi Ser Divino impasible?


                       ECO

          Pasible.


                     NARCISO

          Mas sin duda es invencible
          del Amor la fortaleza,
          pues ha puesto a Mi Belleza


                     LOS DOS

          Sujeta, Humana, Pasible.


                   MÚSICA y ÉL

          Tormento Paso Insufrible;
          Pues Mi Hermosura Cabal
          El Amor Hizo Mortal,
          Sujeta, Humana, Pasible.


                     NARCISO

          Osadamente el Amor


                       ECO

          El Amor.


                     NARCISO

          quiso mostrar lo que puede


                       ECO

          Que puede.


                     NARCISO

          con sus saetas herir;


                       ECO

          Herir.


                     NARCISO

          pues ¿quién Me pudo inducir
          a que tan penoso viva,
          sino, con su fuerza activa,


          LOS DOS

          El Amor, Que puede Herir?


                     NARCISO

          Y poniendo el blanco en Mí,


                       ECO

          En mí.


                     NARCISO

          todo su poder mostró,


                       ECO

          Mostró.


                     NARCISO

          ostentando su pujanza;


                       ECO

          Su pujanza.


                     NARCISO

          pues bajando la balanza
          de Mi Deidad soberana
          por igualarla a la humana,


                     LOS DOS

          En mí Mostró Su pujanza.


                     NARCISO

          Triste está Mi alma, y amando,


                       ECO

          Y amando.


                     NARCISO

          y sin atender a Mí,


                       ECO

          A mí.


                     NARCISO

          por buscar Mi semejanza.


                       ECO

          Semejanza.


                     NARCISO

          ¿Quién el misterio no alcanza
          de los suspiros que doy?
          Que admira el ver cuál estoy,


                     LOS DOS

          Y amando A mi Semejanza.


                     NARCISO

          De Mi Solio, que es del Cielo,


                       ECO

          Del Cielo.


                     NARCISO

          manso y amoroso vine,


                       ECO

          Vine.


                     NARCISO

          sin ver que bajé a morir.


                       ECO

          A morir.


                     NARCISO

          Ninguno podrá medir
          lo grande de Mi fineza;
          pues sin mirar Mi Grandeza,


                     LOS DOS

          Del Cielo Vine A morir.


                   MÚSICA y ÉL

          El Amor, Que puede Herir,
          En Mí Mostró Su pujanza;
          Y amando A Mi semejanza,
          Del Cielo Vine A morir.


                     NARCISO

          Mas ¿quién, en el tronco hueco,


                       ECO

          Eco.


                     NARCISO

          con triste voz y quejosa,


                       ECO

          Quejosa.


                     NARCISO

          así a mis voces responde?


                       ECO

          Responde.


                     NARCISO

          ¿Quién eres, oh voz; o dónde
          te ocultas, de Mí escondida?
          ¿Quién Me responde afligida?


                     LOS DOS

          Eco Quejosa Responde.


                     NARCISO

          Pues ya, con lo que estás viendo,


                       ECO

          Viendo.


                     NARCISO

          ¿tu despecho qué hay que quiera,


                       ECO

          Que quiera.


                     NARCISO

          ni que espere más tu amor?


                       ECO

          Tu amor.


                     NARCISO

          Pues sin conocer tu error,
          de tu Amor Propio guïada,
          andas solamente errada,


                     LOS DOS

          Viendo Que quiera Tu amor.


                     NARCISO

          ¡Si ves que siempre he de amar


                       ECO

          Amar.


                     NARCISO

          y que he de estar en un ser;


                       ECO

          Un ser.


                     NARCISO

          que aunque juzgas inferior


                       ECO

          Inferior.


                     NARCISO

          el objeto de Mi amor
          que tu soberbia desdeña,
          Mi propia Bondad me enseña


                     LOS DOS

          Amar a Un ser Inferior!


                     NARCISO

          Yo tengo de amar; y así,


                       ECO

          Y así.


                     NARCISO

          no esperes verme a tus ojos,


                       ECO

          A tus ojos.


                     NARCISO

          de quien Mi beldad se esconde.


                       ECO

          Se esconde.


                     NARCISO

          Porque nunca corresponde
          tu soberbia a la humildad
          que apetece Mi Beldad;


                     LOS DOS

          Y así, A tus ojos Se esconde.


                   ECO y MÚSICA

          Eco Quejosa Responde,
          Viendo Que quiera Tu amor
          Amar un ser Inferior;
          Y así, A tus ojos Se esconde.

  (Va llegando NARCISO a la Fuente, y dice:)


                     NARCISO

          Mas ya el dolor Me vence. Ya, ya llego
          al término fatal por Mi querida:
          que es poca la materia de una vida
          para la forma de tan grande fuego.
             Ya licencia a la Muerte doy:  ya entrego
          el Alma, a que del Cuerpo la divida,
          aunque en ella y en él quedará asida
          Mi Deidad, que las vuelva a reunir luego.
             Sed tengo:  que el amor que Me ha abrasado,
          aun con todo el dolor que padeciendo
          estoy, Mi Corazón aún no ha saciado.
             ¡Padre!  ¿Por qué en un trance tan tremendo
          Me desamparas? Ya está consumado.
          ¡En Tus manos Mi Espíritu encomiendo!


                  CUADRO QUINTO

                   ESCENA XIII

  (Suena terremoto; cae NARCISO dentro del vestuario;
  y salen asustados ECO, la SOBERBIA y el AMOR
  PROPIO.)


                       ECO

          ¡Qué eclipse!


                     SOBERBIA

                    ¡Qué terremoto!


                   AMOR PROPIO

          ¡Qué asombro!


                       ECO

                    ¡Qué horror!


                     SOBERBIA

                                ¡Qué susto!


                       ECO

          ¡Las luces del Sol apaga
          en la mitad de su curso!


                   AMOR PROPIO

          ¡Cubre de sombras el Aire!


                     SOBERBIA

          ¡Viste a la Luna de luto!


                       ECO

          La Tierra, de su firmeza
          desmintiendo el atributo,
          pavorosa se estremece,
          y abriendo su centro oculto,
          escondiendo en él los montes,
          manifiesta los sepulcros.


                     SOBERBIA

          Las piedras, enternecidas,
          rompiendo su ceño duro
          se despedazan, mostrando
          que aun en lo insensible cupo
          el sentimiento.


                       ECO

                    Y lo más
          portentoso que descubro,
          es que no causa este eclipse
          aquel natural concurso
          del Sol y la Luna, cuando
          --los dos luminares juntos
          en perpendicular línea--
          la interposición del uno
          no nos deja ver al otro,
          y así el Sol parece obscuro,
          no porque él lo esté, sino
          porque no se ven sus puros
          resplandores. Pero ahora,
          siguiendo apartados rumbos,
          distantes están, y así
          ningún Astro se interpuso
          a ser de su luz cortina,
          sino que él, funesto y mustio,
          sus resplandores apaga,
          como si fueran caducos.


                   AMOR PROPIO

          Y quizá por haber eso
          observado, en el tumulto
          donde todo el Universo
          sirve de pequeño vulgo,
          algún Astrólogo grande
          prorrumpe en la voz que escucho
          entre la asombrada turba,
          pues dice en ecos confusos:

                     (Dentro)


          ¡O padece el Autor del Universo,
          o perece la máquina del Mundo!


                   AMOR PROPIO

          ¡Oh fuerza de Amor!  ¡Oh fuerza
          de un enamorado impulso:
          pasar la línea a la Muerte,
          romper al Infierno el muro,
          porque el haberse rendido
          Le sirva de mayor triunfo!
          Mas atended, que en la turba
          otra voz distinta escucho:

                     (Dentro)


          ¡Este Hombre, de verdad era muy Justo!


                     SOBERBIA

          Otra voz no menos clara,
          o la misma, con orgullo
          de la Fe, y admiración,
          confiesa con otros muchos:

                     (Dentro)


          ¡Éste era Hijo de Dios, yo no lo dudo!


                       ECO

          ¡Oh, pese a mí, que ya empieza
          Su Muerte a mostrar el fruto
          de aquel misterioso Grano
          que escondido en el profundo
          pareció muerto, y después
          tantas espigas produjo!
          ¡Oh, nunca la profecía
          se oyera, en labios impuros,
          de que para vivir todos
          fue menester morir Uno!
          ¡Oh, nunca, engañada y ciega,
          solicitara por rumbos
          tan diferentes Su Muerte,
          pues cuando vengada juzgo
          mi afrenta con que Él muriese,
          hallo que todo mi estudio
          sirvió de ponerle medios
          para que Su amante orgullo
          la mayor fineza obrase,
          muriendo por Su trasunto!
          Mas aunque la envidia fiera
          despedaza, áspid sañudo,
          mi pecho, ya por lo menos
          tengo el consuelo (si pudo
          caber en mí algún consuelo)
          de conseguir que en el Mundo
          no esté a los ojos de aquella
          Villana; que de su rudo
          natural, y de su ingrata
          condición, no será mucho
          que, no viéndolo, Lo olvide.


                   AMOR PROPIO

          Dices muy bien; que no dudo
          que, no viéndolo a sus ojos,
          olvidada de los sumos
          beneficios que Le debe,
          volverá a seguir el curso
          de sus delitos pasados:
          que acostumbrados insultos
          con dificultad se olvidan,
          no habiendo quien del discurso
          los esté siempre borrando
          con encontrados asuntos
          de diferentes recuerdos.


                     SOBERBIA

          Pues sea ahora nuestro estudio
          solicitar que ella olvide
          estos beneficios Suyos;
          porque si después de tantos
          Le vuelve a ofender, no dudo
          que a ella ocasione más pena,
          y a nosotros mayor triunfo.


                       ECO

          Bien decís. Mas ella viene
          llorando como infortunio
          la que es su dicha mayor,
          con el piadoso concurso
          de las Ninfas y Pastores.
          Esperemos aquí ocultos,
          hasta ver en lo que paran
          tantos funestos anuncios.

                    ESCENA XIV

  (Retíranse a un lado; y sale la NATURALEZA llorando,
  y todas las NINFAS y PASTORES, y MÚSICA triste.)


                NATURALEZA HUMANA

          Ninfas habitadoras
          de estos campos silvestres,
          unas en claras ondas
          y otras en troncos verdes;
             Pastores, que vagando
          estos prados alegres,
          guardáis con el ganado
          rústicas sencilleces:
             de mi bello Narciso,
          gloria de vuestro albergue,
          las dos divinas lumbres
          cerró temprana muerte:
             ¡sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          Muerte Le dio Su amor;
          que de ninguna suerte
          pudiera, sino sólo
          Su propio amor vencerle.
             De mirar Su retrato,
          enamorado muere;
          que aun copiada Su imagen,
          hace efecto tan fuerte:
             ¡sentid, sentid mis ansias:
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          Ver su malogro, todo
          el Universo siente:
          las peñas se quebrantan,
          los montes se enternecen;
             enlútase la Luna,
          los Polos se estremecen,
          el Sol su luz esconde,
          el Cielo se obscurece.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          El Aire se encapota,
          la Tierra se conmueve,
          el Fuego se alborota,
          el Agua se revuelve.
             Abren opacas bocas
          los sepulcros patentes,
          para dar a entender
          que hasta los muertos sienten.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          Divídese del Templo
          el velo reverente,
          dando a entender que ya
          se rompieron sus Leyes.
             El Universo todo,
          de Su Beldad doliente,
          capuz funesto arrastra,
          negras bayetas tiende.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          ¡Oh vosotros, los que
          vais pasando, atendedme,
          y mirad si hay dolor
          que a mi dolor semeje!
             Sola y desamparada
          estoy, sin que se llegue
          a mí más que el dolor,
          que me acompaña siempre.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          De la fuerza del llanto
          mi rostro se entumece,
          y se ciegan mis ojos
          con lágrimas que vierten.
             Mi corazón, en medio
          de mi pecho, parece
          cera que se derrite
          junto a la llama ardiente.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          Mirad Su Amor, que pasa
          el término a la Muerte,
          y por mirar Su imagen
          al Abismo desciende;
             pues sólo por mirarla,
          en las ondas del Lethe
          quebranta los candados
          de diamantes rebeldes.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          ¡Ay de mí, que por mí
          Su Hermosura padece!
          Corran mis tristes ojos
          de lágrimas dos fuentes.
             Buscad Su Cuerpo hermoso,
          porque con los ungüentes
          de preciosos aromas
          ungirlo mi amor quiere.
             ¡Sentid, sentid mis ansias;
          llorad, llorad Su Muerte!


                      MÚSICA

          ¡Llorad, llorad Su Muerte!


                NATURALEZA HUMANA

          Buscad mi Vida en esa
          imagen de la muerte,
          pues el darme la vida
          es el fin con que muere.

  (Hacen que Lo buscan.)

          Mas, ¡ay de mí, infeliz,
          que el Cuerpo no parece!
          Sin duda Le han hurtado:
          ¡Oh, quién pudiera verle!

  (Sale la GRACIA.)


                      GRACIA

          Ninfa bella, ¿por qué
          lloras tan tiernamente?
          ¿Qué en este sitio buscas?
          ¿Qué pena es la que sientes?


                NATURALEZA HUMANA

          Busco a mi Dueño amado;
          ignoro dónde ausente
          Lo ocultan de mis ojos
          los hados inclementes.


                      GRACIA

          ¡Vivo está tu Narciso;
          no llores, no lamentes,
          ni entre los muertos busques
          Al que está Vivo siempre!

                    ESCENA XV

  (Sale NARCISO, con otras galas, como Resucitado, por
  detrás de la NATURALEZA; y ella se vuelve a mirarlo.)


                     NARCISO

          ¿Por qué lloras, Pastora?
          Que las perlas que viertes
          el Corazón Me ablandan,
          el Alma Me enternecen.


                NATURALEZA HUMANA

          Por mi Narciso lloro,
          Señor; si Tú Le tienes,
          díme dónde está, para
          que yo vaya a traerle.


                     NARCISO

          ¿Pues cómo, Esposa Mía,
          no puedes conocerme,
          si a Mi Beldad Divina
          ninguna se parece?


                NATURALEZA HUMANA

          ¡Ay, adorado Esposo,
          deja que alegremente
          llegue a besar Tus plantas!


                     NARCISO

          A tocarme no llegues,
          porque voy con Mi Padre
          a Su Trono celeste.


                NATURALEZA HUMANA

          Luego, ¿me dejas sola?
          ¡Ay, Señor, no me dejes;
          que volverá a insidiarme
          mi enemiga Serpiente!

                    ESCENA XVI

  (Salen ECO, la SOBERBIA y el AMOR PROPIO.)


                       ECO

          Claro está, pues aunque has hecho
          tantas finezas por ella,
          en dejándola ¿quién duda
          que a ser mi despojo vuelva?


                     SOBERBIA

          Pues no viéndote, ella es
          de condición tan grosera,
          que dejará Tus cariños
          y olvidará Tus finezas.


                   AMOR PROPIO

          Y yo pondré tales lazos
          en sus caminos y sendas,
          que no se pueda librar
          de volver a quedar presa.


                       ECO

          Yo le pondré tales manchas,
          que su apreciada belleza
          se vuelva a desfigurar
          y a desobligarte vuelva.


                      GRACIA

          Eso no, que yo estaré
          a su lado, en su defensa;
          y estando con ella yo,
          no es fácil que tú la venzas.


                       ECO

          ¿Qué importará, si es tan fácil
          que, frágil, ella te pierda,
          y en perdiéndote, es preciso
          que vuelva a ponerse fea?


                     NARCISO

          No importa, que Yo daré,
          contra todas tus cautelas,
          remedios a sus peligros
          y escudos a sus defensas.


                       ECO

          ¿Qué remedios, ni qué escudos,
          si como otra vez Te ofenda,
          como es Tu ofensa infinita,
          no podrá satisfacerla?
          Pues para una que te hizo,
          fue menester que murieras
          Tú; y claro está que no es congruo
          que todas las veces que ella
          vuelva a pecar, a morir
          Tú también por ella vuelvas.


                     NARCISO

          Por eso Mi inmenso Amor
          la previno, para esa
          fragilidad, de remedios,
          para que volver pudiera,
          si cayera, a levantarse.


                     SOBERBIA

          ¿Qué remedio habrá, que pueda
          restitüirla a Tu gracia?


                     NARCISO

          ¿Cuál? El de la Penitencia,
          y los demás Sacramentos,
          que he vinculado en mi Iglesia
          por medicinas del Alma.


                       ECO

          Cuando éstos bastantes sean,
          ella no querrá usar de ellos,
          negligente, si Te ausentas,
          porque olvidará Tu amor
          en faltando Tu presencia.


                     NARCISO

          Tampoco eso ha de faltarle,
          porque dispuso Mi inmensa
          Sabiduría, primero
          que fuese Mi Muerte acerba,
          un Memorial de Mi Amor,
          para que cuando Me fuera,
          juntamente Me quedara.


                       ECO

          Aqueso es lo que mi ciencia
          no alcanza cómo será.


                     NARCISO

          Pues para darte más pena,
          porque ha de ser el mayor
          tormento el que tú lo sepas,
          y por manifestación
          de Mi sin igual fineza,
          ¡llega, Gracia, y recopila
          en la metáfora mesma
          que hemos hablado hasta aquí,
          Mi Historia!


                      GRACIA

                    Que Te obedezca
          será preciso; y así,
          escuchadme.


                       ECO

                    Ya mis penas
          te atienden, a mi pesar.


                      GRACIA

          Pues pasó desta manera:
             Érase aquella belleza
          del soberano Narciso,
          gozando felicidades
          en la gloria de Sí mismo,
          pues en Sí mismo tenía
          todos los bienes consigo:
             Rey de toda la hermosura,
          de la perfección Archivo,
          Esfera de los milagros,
          y Centro de los prodigios.
             De Sus altas glorias eran
          esos Orbes cristalinos
          Coronistas, escribiendo
          con las plumas de sus giros.
             Anuncio era de Sus obras
          el firmamento lucido,
          y el resplandor Lo alababa
          de los Astros matutinos:
             Le aclamaba el Fuego en llamas,
          el Mar con penachos rizos,
          la Tierra en labios de rosas
          y el Aire en ecos de silbos.
             Centella de Su Beldad
          se ostentaba el Sol lucido,
          y de Sus luces los Astros
          eran brillantes mendigos.
             Cóncavos espejos eran
          de Su resplandor divino,
          en bruñidas superficies,
          los Once claros Zafiros.
             Dibujo de Su luz eran
          con primoroso artificio
          el orden de los Planetas,
          el concierto de los Signos.
             Por imitar Su Belleza,
          con cuidadosos aliños,
          se vistió el Campo de flores,
          se adornó el Monte de riscos.
             Adoraban Su Deidad
          con amoroso destino,
          desde su gruta la Fiera
          y el Ave desde su nido.
             El Pez en el seno obscuro
          Le daba cultos debidos,
          y el Mar para sus ofrendas
          erigió altares de vidrio.
             Adoraciones Le daban,
          devotamente rendidos,
          desde la Hierba más baja
          al más encumbrado Pino.
             Maremagnum Se ostentaba
          de perfección, infinito,
          de quien todas las bellezas
          de derivan como ríos.
             En fin, todo lo insensible,
          racional, y sensitivo,
          tuvo el ser en Su cuidado
          y se perdiera a Su olvido.
             Éste, pues, hermoso Asombro,
          que entre los prados floridos
          Se regalaba en las rosas,
          Se apacentaba en los lilios,
             de ver el reflejo hermoso
          de Su esplendor peregrino,
          viendo en el hombre Su imagen,
          Se enamoró de Sí mismo.
             Su propia similitud
          fue Su amoroso atractivo,
          porque sólo Dios, de Dios
          pudo ser objeto digno.
             Abalanzóse a gozarla;
          pero cuando Su cariño
          más amoroso buscaba
          el imán apetecido,
             por impedir envidiosas
          Sus afectos bien nacidos,
          se interpusieron osadas
          las aguas de sus delitos.
             Y viendo imposible casi
          el logro de Sus designios
          (porque hasta Dios en el Mundo
          no halla amores sin peligro),
             Se determinó a morir
          en empeño tan preciso,
          para mostrar que es el riesgo
          el examen de lo fino.
             Apocóse, según Pablo,
          y (si es lícito decirlo)
          consumióse, al dulce fuego
          tiernamente derretido.
             Abatióse como Amante
          al tormento más indigno,
          y murió, en fin, del amor
          al voluntario suplicio.
             Dio la vida en testimonio
          de Su Amor; pero no quiso
          que tan gloriosa fineza
          se quedase sin testigo;
             y así dispuso dejar
          un recuerdo y un aviso,
          por memoria de Su Muerte,
          y prenda de Su cariño.
             Su disposición fue parto
          de Su Saber infinito,
          que no se ostenta lo amante
          sin galas de lo entendido.
             Él mismo quiso quedarse
          en blanca Flor convertido,
          porque no diera la ausencia
          a la tibieza motivo;
             que no es mucho que hoy florezca,
          pues antes en Sus escritos
          Se llama Flor de los Campos,
          y de los Collados Lilio.
             Cándido disfraz, es velo
          de Sus amantes designios,
          incógnito a la grosera
          cognición de los sentidos.
             Oculto quiso quedarse
          entre cándidos armiños,
          por asistir como Amante
          y celar como Registro:
             que como Esposo del Alma,
          receloso de desvíos,
          la espía por las ventanas,
          la acecha por los resquicios.
             Quedó a hacer nuevos favores,
          porque, liberal, no quiso
          acordar una fineza
          sin hacer un beneficio.
             Ostentó lo enamorado
          con amantes desperdicios,
          e hizo todo cuanto pudo
          El que pudo cuanto quiso.
             Quedó en Manjar a las almas,
          liberalmente benigno,
          alimento para el justo,
          veneno para el indigno.

  (Aparece el Carro de la Fuente; y junto a ella, un
  Cáliz con una Hostia encima.)

          Mirad, de la clara Fuente
          en el margen cristalino,
          la bella Cándida Flor
          de quien el Amante dijo:


                     NARCISO

          Éste es Mi Cuerpo y Mi Sangre
          que entregué a tantos martirios
          por vosotros. En memoria
          de Mi Muerte, repetidlo.


                NATURALEZA HUMANA

          A tan no vista fineza,
          a tan sin igual cariño,
          toda el alma se deshace,
          todo el pecho enternecido
          gozosas lágrimas vierte.


                       ECO

          Y yo, ¡ay de mí!, que lo he visto,
          enmudezca, viva sólo
          al dolor, muerta al alivio.


                   AMOR PROPIO

          Yo, absorto, rabioso y ciego,
          venenoso áspid nocivo,
          a mí propio me dé muerte.


                     SOBERBIA

          Yo que de tus precipicios
          fui causa, segunda vez
          me sepulte en el abismo.


                      GRACIA

          Y yo, que el impedimento
          quitado y deshecho miro
          de la culpa, que por tanto
          tiempo pudo dividirnos,
          Naturaleza dichosa,
          te admito a los brazos míos.
          ¡Llega,  pues, que eternas paces
          quiero celebrar contigo;
          ¡no temas, llega a mis brazos!


                NATURALEZA HUMANA

          ¡Con el alma los recibo!
          Mas el llegar temerosa
          es respeto en mí preciso,
          pues a tanto Sacramento,
          a Misterio tan Divino,
          es muy justo que el amor
          llegue de temor vestido.

  (Abrázanse las dos.)


                      GRACIA

          ¿Pues ya qué falta a tus dichas?


                NATURALEZA HUMANA

          Sólo falta que, rendidos,
          las debidas gracias demos;
          y así,  en concertados himnos
          Sus alabanzas cantad,
          diciendo todos conmigo:

                     (Cantan)


          ¡Canta, lengua, del Cuerpo glorioso
          el alto Misterio, que por precio digno
          del Mundo Se nos dio, siendo Fruto
          Real, generoso, del Vientre más limpio!
             Veneremos tan gran Sacramento,
          y al Nuevo Misterio cedan los Antiguos,
          supliendo de la Fe los afectos
          todos los defectos que hay en los sentidos.
             ¡Gloria, honra, bendición y alabanza,
          grandeza y virtud al Padre y al Hijo
          se dé; y al Amor, que de Ambos procede,
          igual alabanza Le demos rendidos!

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